España se enfrenta cada año a una realidad difícil de ignorar: el abandono masivo de galgos. No es casualidad que las protectoras y refugios se desborden en fechas muy concretas, especialmente al terminar enero y comenzar febrero. Para entender por qué esta raza es una de las más castigadas, es necesario comprender el contexto de su uso y la mentalidad que, lamentablemente, aún persiste en ciertos sectores.
El fin de la temporada de caza
El factor principal es el calendario. La temporada de caza con galgo suele terminar a finales de enero. Durante los meses previos, estos animales son utilizados como herramientas de trabajo para la caza de liebre en campo abierto. Cuando la temporada cierra, muchos propietarios consideran que mantener a los animales hasta el año siguiente supone un coste innecesario en alimentación y cuidados.
La mentalidad utilitarista: «El galgo que no sirve»
A diferencia de los perros de compañía, en el ámbito de la caza intensiva o de competición, el galgo es visto a menudo como un instrumento. Si el perro se lesiona, si ya no corre lo suficientemente rápido o si simplemente cumple una edad (generalmente entre 2 y 4 años) en la que su rendimiento baja, deja de ser «útil». Esta visión del animal como un objeto de usar y tirar es la raíz del problema. Se busca la excelencia en la carrera, y lo que no es excelente, se descarta.
La cría masiva e incontrolada
Para conseguir un campeón, a veces se crían docenas de perros. Esta sobrecría genera un excedente de animales que nunca llegarán a competir ni a cazar al nivel exigido. Estos descartes ocurren incluso antes de que empiece la temporada. Los perros que no pasan las pruebas de aptitud iniciales se suman a las cifras de abandono, creando un ciclo continuo de saturación en los refugios.
Falsos mitos sobre su carácter
Otro factor que dificulta su adopción tras el abandono es el desconocimiento. Mucha gente cree que, al ser atletas de élite, los galgos necesitan correr maratones diarios o que son hiperactivos. La realidad es opuesta: dentro de casa son tranquilos, silenciosos y grandes amantes del sofá. Se les conoce como «gatos de 40 kilos» por su capacidad para dormir horas y horas.
El papel del refugio y la adopción
El abandono del galgo es un problema estructural que requiere cambios legislativos y educativos profundos. Mientras eso llega, la labor de los refugios es vital. Rescatar a un galgo no es solo salvar una vida, es darle por primera vez la oportunidad de ser parte de una familia y no una herramienta de trabajo.
Cuando adoptas a un galgo, no solo te llevas a un perro noble y elegante; te llevas a un superviviente que, a pesar de todo, sigue confiando en el ser humano.










